Iglesia de Santa María de la Asunción – CASTRO URDIALES

Quizás la imagen más emblemática de Castro Urdiales sea la iglesia de Santa María de la Asunción, iglesia parroquial de la ciudad. Proyectada a principios del siglo XIII, en tiempos de Alfonso VIII de Castilla (tradicionalmente se ha indicado como fecha de inicio de su edificación el año 1208), su construcción se ha prolongado hasta los siglos XIV y XV, e incluso posee añadidos de los siglos XVIII y XIX. El estilo de su gótico, de tipo normando, se ha relacionado frecuentemente con la llegada de franceses con el camino de Santiago y también con el taller que por aquellos tiempos daba forma a la catedral de Burgos.

La iglesia es un ejemplo espectacular del gótico cántabro, elevada sobre los acantilados que dan al mar, lo que le ofrece un aspecto pintoresco. Junto con el castillo, cuyo origen se remonta también a una primera fortificación del siglo XII, ambos monumentos completan un feliz matrimonio sin el cual Castro Urdiales perdería su postal más inmortal e incluso su celebrada identidad marinera, encaramada a peñas lustrosas.

La iglesia de Santa María es el primer Bien de Interés Cultural de los 23 relacionados con Castro Urdiales, y una parada obligada para visitantes y turistas. No es sólo su arquitectura poderosamente medieval, sus arbotantes estilizados, lo bello de sus ventanales, escultura y cresterías lo que hacen de este un monumento de visita imprescindible: el interior del templo, aparte de ser también sobrecogedor, reúne una colección de obras de arte de inmenso valor. Pinturas y esculturas medievales y modernas, y otro de nuestros BICs, el órgano de la iglesia, encuentran aquí su casa y particular museo, aunque a ello me dedicaré en otra entrada.

En conjunto, la iglesia de Santa María de la Asunción es una parada fundamental y un hito crucial en la arquitectura religiosa de Cantabria, y especialmente en el gótico regional. En las próximas semanas añadiré una AUDIOGUÍA para visitar la iglesia de Santa María de la Asunción.

Algunas noticias de viajeros del ayer…

El mar había socavado parcialmente los acantilados sobre los que estaba construida la ciudad; sobre la punta más externa de ésta, un promontorio batido por las olas, se alzaba un castillo y una hermosa iglesia gótica de la más fina y pura arquitectura, el exterior tenía un aspecto más bonito que el de todo lo que había visto en Bilbao. La hermosa imagen que se veía desde el barco mostraba un conjunto de señorial arquitectura sobre el acantilado batido por los vientos (también era pintoresco el aspecto del viejo castillo que se erguía junto a la iglesia), era tan atractiva y extraordinariamente artística que lamenté mucho que la prisa del barco no me permitiera hacer un dibujo. Diario de Franz Lorinser (1857), extraído de LÓPEZ GARCÍA DÁMASO: 2000. Cinco siglos de viaje por Santander y Cantabria, Express Publishing, p. 255.

Haría falta emprender un viaje muy largo, por cualquier costa, antes de hallar un pueblo más bonito que Castro Urdiales. El centro de la ciudad, con su iglesia; el castillo, subido en un promontorio rocoso, cuyos acantilados caen a pico sobre las profundas aguas (…) una pintoresca colina cónica con su atalaya, que trae el recuerdo de los piratas de Berbería. Notas de viaje de Edgar T. A. Wigram (1906), extraído de LÓPEZ GARCÍA DÁMASO: 2000. Cinco siglos de viaje por Santander y Cantabria, Express Publishing, p. 616.

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