Monte de la Ermita

Castro Urdiales es una población encajada entre varios montes y el mar. Uno de esos montes es el que llamado de ‘la Ermita’, aunque es evidente que antes de la edificación de este pequeño templo en los años 50 recibiría otra denominación. Sin embargo, su posición tan privilegiada -la de la ermita- ha contribuido a alterar definitivamente el topónimo, y ahora todo el mundo se refiere al lugar como ‘la Ermita’.

Este es un lugar del que todos los castreños conservan preciosos recuerdos de infancia, pues es un paseo ameno y breve por el monte, a través de un bonito entorno natural, hasta alcanzar la ermita en aproximadamente treinta o cuarenta minutos, dependiendo de dónde se salga. La capilla es un edificio muy sencillo, debido a la tozudez del sacerdote claretiano Teodoro San Martín, cuyo sueño de tener a una virgen en lo alto de la colina vigilando Castro Urdiales se hizo realidad en 1956. La ermita está ahora iluminada por la noches, de tal manera que aparenta una estrella que se puede contemplar desde toda la ciudad.

La subida a la ermita es una ruta muy asequible, pues es rápida y está sobre la misma ciudad. Subiendo hasta Santa Catalina -el colegio- se cruza el puente sobre la autopista y, siguiendo la pista que recorre la ladera del monte se pasa, primero, una depuradora y, seguido, una estación eléctrica. Poco después se aprecia una entrada a un caminito que entra en el bosque, al lado derecho. Se toma esa senda y se asciende hasta que aparece una pista asfaltada, y se sigue por ella hacia arriba. En unos minutos la ermita será visible.

Y, desde ahí, a disfrutar de una panorámica magnífica de Castro, del mar, y de todos los montes de los alrededores.

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