Leonardo Rucabado (1875-1918)

Entre los personajes ilustres de Castro Urdiales tiene un lugar merecido Leonardo Rucabado, arquitecto, ingeniero, y artista, capaz de imaginar y crear hermosos edificios, jardines, panteones, conforme a las tendencias de su época y a la innovación que él mismo introdujo, y a un gusto estético exquisito.

Nacido en Castro Urdiales en 1875, su vida transcurre en décadas de profunda y excelente formación en el colegio San Juan Bautista de Santoña y, posteriormente, en la Escuela de Arquitectura y de Ingenieros de Barcelona, donde conoció a algunos de los grandes genios de su tiempo. Volvió con una excelente educación y empezó a trabajar en Bilbao y Castro Urdiales junto a Severino de Achúcarro, creando hermosos edificios que iremos viendo en las próximas semanas y meses (edificio de Isidra del Cerro en Castro; edificio de los Chelines en Castro; edificio de Ana Salvarrey en Castro). Fue también profesor en la Escuela de Ingenieros Industriales de Bilbao.

A finales de la primera década del siglo XX, Leonardo empezó a trabajar independiente al estudio de Achúcarro. En 1908 participó en el VIII Congreso Internacional de Arquitectura de Viena, donde recibió una fuerte influencia del estilo Sezessionista vienés, que se aprecia singularmente en los panteones que diseñó para el cementerio de Ballena, aparte de su influencia en otros edificios que firmó por aquella época.

A principios de la década de 1910, Rucabado llevó a cabo un extenso estudio de la arquitectura montañesa viajando por Cantabria y buscando su esencia, influenciado también por su apasionada lectura de José María de Pereda. Rucabado proyectó publicar un libro con todas las ilustraciones y notas que tomó en ese viaje pero, desgraciadamente, falleció prematuramente sin terminarlo. La plasmación del resultado de sus viajes fue el proyecto de «Palacio para un noble en la Montaña» (1911), con el que ganó el primer premio nacional «La Casa Española». Este éxito ayudó a divulgar en aquella época la figura de Rucabado, como arquitecto tradicionalista y regionalista, que por aquellos tiempos trasladó a su nueva arquitectura: chalet del Monte Olivete (Castro), chalet de Tomás Allende (Indauchu), y chalet de Sotileza (Castro), chalet de Obdulia Bonifaz (Noja) entre otros.

En 1915 estuvo en el Congreso Nacional de Arquitectos, donde planteó sus ideas para una arquitectura nacional que

entroncase con la esencia del pueblo español, en la línea del pensamiento profundamente nacionalista que imperaba en las naciones europeas en tiempos de la I Guerra Mundial. De esa época data el proyecto de la Biblioteca de Menéndez Pelayo en Santander, que no se inauguró hasta 1923, de tal manera que Rucabado nunca la vio del todo finalizada, a pesar de los muchos esfuerzos que hizo para que todo en ella (arquitectura, mobiliario, jardines) quedase perfecto.

En 1917 tuvo también tiempo para materializar su idea de arquitectura española en la casa de Tomás Allende en Madrid, un edificio de extraordinaria belleza. Pero la vida del virtuoso castreño llegaba a su fin: entre agrias polémicas con sus compañeros arquitectos cayó enfermo de gripe en noviembre de 1918, y falleció en Castro Urdiales el 11 de noviembre de ese año.

Dejaba tras de si una gran obra que fue ampliamente mutilada por la ignorancia y el oportunismo en las décadas siguientes, pero todavía tenemos algunos de sus trabajos para poder contemplarlos y disfrutarlos: chalet de Sotileza (Castro), chalet de Tomás Allende (Indauchu), Biblioteca de Menéndez Pelayo (Santander), y algunos otros, que iremos viendo en los próximos meses.

Fotos e información: ARAMBURU ZABALA, M. A.: Leonardo Rucabado y la arquitectura española. 1875-1918, Ediciones Menéndez Pelayo, Santander, 2016.

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